lunes, 20 de agosto de 2012

FAVOR DE LEER CON COPA DE VINO EN MANO (ADVERTENCIA: CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA)



Marxistas Glamorosos 

Todo tiene que ver con los libros. La letra. El sentido. El espíritu de la palabra. Y todo eso que suena bonito. Bueno, están los filósofos de enciclopedia, esos señores de barbas blancas y ojos tenues, y esos otros científicos de Lenin y Marx que a lo mejor trabajan en salvar al mundo. Bien, a veces oír una conversación sobre los avances, grandes o pequeños del siglo XX y la s clases sociales, no esta mal. Pero entre los grandes temas esos que se discuten, sólo me queda la sensación de un gran vacío. Es como una nada gigantesca que conforme se acercan a las respuestas finales y a las grandes incidencias y precisos porcentajes de miseria e ignorancia, el vacío fuera creciendo, agigantándose, agrandándose, hasta que todos se dan la mano y se van a casa, a seguir leyendo.

Guerrilleros Vintage
Quedan pocos guerrilleros, pero los que quedan son vintage. Es raro verlos sin sus trajes de batalla en plena ciudad. Andan como perdidos, buscando una guerra que no se ve, que no se da, que no se ha olvidado pero que al mismo tiempo, pareciera que nunca existió. Entre ellos todavía hay gloria. Entre ellos todavía hay historias sin contar. Entre ellos todavía hay mucho por que
luchar. Pero el guerrillero vintage tiene un poco del Socialista Gourmet, ya que a falta de guerra hay coloquios sobre política y se pierden en foros y discursos, y beben con extranjeros perdidos en el tercer mundo que quisieran inventar de nuevo otra cuba en medio de Mesoamérica. Pero solo pasa que pierden el tiempo en Whisky, canapes, o libros sobre revolución. Todos se ven muy old fashion y hasta parece una moda, dejarse crecer un poco el pelo, buscarse una playera vieja, unos pantalones verde olivo, una bufanda raida y una gorra con una estrellita roja, si, ahí, en el mismo lugar donde la lleva el poster del Che Guevara.

Socialistas Gourmet
Normalmente un socialista gourmet conoce sobre buenos vinos y quesos únicos. En sus viajes de exiliado fue atendido por europeos que le fueron creando un paladar en charlas sobre los pobres latinoamericanos y sus grandes carencias.