miércoles, 29 de enero de 2014

MAS QUE ENTREVISTA UN TEST /



 Tuve guardado este texto desde hace unos años. También recuerdo que varios más lo respondieron. Olvidé el nombre de quién me lo envió para que lo respondiera, pero recuerdo que fue alguien del sur.

¿Qué ritmo es el que te mueve?
El pulso de mi propio corazón desconcertado.


¿Te parece que la poesía está amenazada en estos tiempos y por qué sí o por qué no?
La poesía es secreta, no esta amenazada. Los que están amenazados son todos los que creen a medias en los misterios. La poesía es ingenua pero sabia.

¿El eterno retorno te dice algo?
Deja Vú, pero creo que no hay retorno, creo que hay una ilusión de volver, pero Itaca nunca será la misma.

¿Vale la pena matar o morir por algo?
Depende de la hora, el día o lo que se celebre. En este preciso momento no mataría a nadie, ni me interesaría morir por nada. Pero hay días que mi humor es tan extraño que hasta moriría por la verdad, o mataría por una mentira. Pero nunca vale la pena morir o matar.


¿Qué es lo que más te inspira y qué es lo que te aleja de poder crear?
Lo que más me inspira… pues, nada, no creo en la inspiración, creo en el trabajo diario, aunque sea una línea diaria, pero si creyera en la inspiración me inspiraría algo tan cursi como un mono tratando de escribir su propio nombre.



¿El amor está disponible aún para vos o ya se ha retirado? ¿Qué atisbos tienes de él?
Me persigue el amor y yo trato de jugar al gato y al ratón, a veces yo soy el gato, pero me gusta más ser el ratón, y el atisbo de ese juego es el queso compartido.


¿Qué te parecen las alambradas, los uniformes, las cédulas de identidad?
Las alambradas son tristes muros inventados por los jueces de esta era de uniformados, sin identidad.


¿Diógenes o el Che?
Siempre que Diógenes tenga una playera del Che, será mejor seguir a Homero.


¿Organizarías visitas para los escolares a los manicomios y cárceles así como se hacen excursiones al zoológico?
Definitivamente hay que llevarlos, eso sí, recomendarles antes que no es como ir al zoológico, podría ser que los internos los convenzan de que son animales y luego se rían de ellos como si estuvieran en el circo.


¿La masturbación como forma de auto conocimiento o como neurosis a ser tratada?
La masturbación como forma de imaginar conocimientos, preparación inicial para futuros líderes y grandiosos adivinos.


¿Querrías eliminar algunas máquinas, en vez de autobuses volver a los caballos por ejemplo?
Yo siempre quise volar, me gustaría que en lugar de tanta maquina, hubieran inventado la teletransportación, y si, me gustaría ver caballos y dromedarios cruzando las calles de una ciudad invisible.


¿Qué animal eres?
Soy como Kukulkan, una serpiente dragón de fuego.

¿Qué drogas llevar a una isla desierta?
Me gustaría llevar mi cama, esa es una buena droga: no hay nada como el sueño.


¿Cuáles son los libros que te ayudan a vivir, decime la mejor manera de robarte uno?
Los libros que me ayudan a vivir son los que no he leído, espero vivir para leerlos. Con sentido común, cualquiera sabe que hay libros que ayudan a morir y otros que matan, espero tener suerte.
La mejor forma de robarse un libro es escribirlo uno mismo. Hay varias formas, porque también se puede robar un libro leyéndolo, o simplemente copiándolo con cinismo. El primer libro que me robé fue Aguila o Cruz de O. Paz, trabajaba en esa libreria.


¿Qué poema podrías regalar o lanzarlo en una botella por el espacio sideral?
If, de Rudyard Kipling, para que vean los marcianos que en el mundo éramos muy complicados, pero teníamos también la poesía.


¿Cuál es tu consigna? Al preguntarte esto me viene a la mente la frase irrefutable de
Bartleby “Preferiría no hacerlo”, ¿Te parece que esa es su consigna?
Todos los poetas son santos corrompidos.


¿Cuál podría ser el efecto mariposa de un orgasmo?
Todavía está en expansión el semen de los protozoos, las eyaculaciones de los Trilobites, el flujo seminal de de un bing bang  del amor a first sight.


¿Qué experiencia vivida repetirías?
Me gustaría regresar a una tarde, luego de la lluvia, a media calle, con el sol dorado del atardecer volviéndolo todo irreal, y yo empujando un barquito de papel. Tenía cinco años.

viernes, 10 de enero de 2014

TODA CARNE ES HIERBA





Esta historia la he contado muchas veces, de muchas formas, a muchas horas, pero hasta hoy me levanté del sueño con cada palabra apuntada. Me la contó un guardia de seguridad privada, cuando yo era el encargado de un bar y en esas horas antes de las nueve de la noche, cuando ya todos ocupaban sus mesas habitualmente para beber, este señor se entretenía contándome sus anécdotas.
Empezó diciéndome que el nunca había creído en los fantasmas. Me dijo que en una ocasión que buscaba donde vivir con su mujer y sus dos hijos, llegaron a una casa, donde les advirtieron unas gentes que allí espantaban. El, escéptico por naturaleza, vio la habitación y le pareció amplia, iluminada y limpia, y pensó que eso le bastaba.
Vivió un tiempo sin notar nada diferente, hasta una noche que, sentados en su mesa de comedor, ya platicando con una vecina, no pudieron creer cuando esta vecina, trabó los ojos, cayó en trance con un gran golpe contra el piso. Luego se levantó ya siendo otra. Le cambio, así, delante de ellos, su voz, a voz de hombre.
Saludó, ante todos, dijo su nombre y pidió un trago. Una de las vecinas, amiga de está, llegó con naturalidad, diciendo que eso era lo que le pasaba a ella cada cierto tiempo. Les recomendó mandar a dormir a los niños y comprarle, no un trago, sino una botella. A todo esto, mi compañero, el señor guardia de seguridad, se recuperó frente a sus vecinas y le fue a comprar una botella a la endemoniada, todavía incrédulo. Lo tomó tan en broma que le empezó a hacer preguntas, sobre dónde vivía y de dónde venía que eran respondidas con lucidez y con una expresión de cansancio por parte de la mujer poseída. Incluso, la acompaño con unos tragos y fue todavía por una media botella. Al final, el hombre que estaba ocupando el cuerpo de la vecina se fue poniendo tan borracho que lo último que dijo antes de caer con la cabeza sobre la mesa, fue que regresaría al otro día a las cinco de la tarde y que les contaría el motivo de su pena. Atontado por los tragos, se derrumbó como al principio y tras una convulsión, la vecina regresó del trance como si nada hubiera pasado, incluso, sobria.

El guardia de seguridad que llamaremos Theos, se reía contándome que al otro día, precisamente a las cinco de la tarde, regresó el espíritu y, luego de ver para todos lados, se le quedó viendo con unos ojos de suplica cristiana y le pidió, lejos de toda lógica sobrenatural, un sopa de huevos.
Que pasen ustedes un feliz viernes.

Lester Oliveros Ramírez.